La buena fama de la inversión y la mala fama del gasto

22 enero 2013Luis Sendino2

Nadie quiere ser gasto. Y todos queremos ser inversión. Menuda faena nos ha hecho el legislador calificando a algunas actividades como gasto, con lo que se puede presumir siendo una inversión, que siempre es más fácil de justificar y parece que cuesta menos desprenderse del dinero que si es un gasto…
Gasto e inversión suponen ambas, más tarde o más temprano, un desembolso por parte del empresario, pero todos preferimos ser calificados como inversión. Sólo hay más que ver cómo tuercen el gesto:

  • Los de marketing, cuando decimos que la publicidad es un gasto.
  • Los de marketing, cuando decimos que la asistencia a ferias y las invitaciones a clientes son un gasto.
  • Los de recursos humanos, cuando decimos que los sueldos son un gasto.
  • Los de recursos humanos, cuando decimos que la formación es un gasto.
  • Los de nuevas tecnologías, cuando decimos que la gestión de las cuentas y perfiles sociales son un gasto.
  • Los de responsabilidad social, cuando decimos que su intervención supone un gasto en la contabilidad.

Nuestro legislador ni siquiera ha dado la posibilidad de cuestionarlo: sólo eres inversión si figuras en el activo del balance de situación de la empresa, es decir, si eres un bien y/o derecho que puede ser valorado monetariamente y que puede ser transferido a otro. La activación artificial de gastos tiene mucho que ver con la actual crisis…
Pero ser un gasto no es malo. Es malo ser un gasto no necesario, ser un gasto prescindible, ser un gasto superfluo. Entonces sí se ha de eliminar, pero no en cualquier caso.
Los gastos son necesarios en la empresa: siempre los ha habido y siempre los habrá, pues son los que anticipan la llegada de ingresos. Un gasto es bueno si genera o si provoca la llegada de ingresos a la empresa o si rebaja gastos de otra índole en mayor cuantía.
Quien ejerce una dirección responsable no debe limitarse a reducir gastos, sino que debe valorar cuáles de ellos son necesarios y, además, beneficiosos, es decir, que provocan ingresos superiores a su cuantía:

  • los responsables del gasto de formación deben justificar cómo favorecen mayores ingresos que su montante,
  • los responsables del gasto de sueldos y salarios no deben pensar en cómo reducirlos, sino en cómo utilizarlos para generar beneficios con ellos,
  • los responsables de nuevas tecnologías deben explicar cómo los ingresos generados superan a los gastos generados,
  • los responsables de contratar servicios de Responsabilidad Social deben comprobar que el impacto en la cuenta de resultados tras su intervención es positivo (gasto < ingreso).

El hecho de que un gasto tenga influencia en beneficios futuros no le otorga una calificación de inversión, sino de gasto con mayores probabilidades de ser calificado como necesario y beneficioso.
Ay, en cambio la inversión goza del beneficio de la buena fama, pues parece que es pregonera de tiempos mejores, de seguros beneficios para todos. Todos queremos ser inversiones, sin tener en cuenta que cualquier inversión despierta un riesgo: si alguien os propone un negocio (inversión) sin riesgo, pensad que o no es una inversión o sí tiene riesgo.
El directivo responsable debe saber que las inversiones son apuestas que se hacen para tener un futuro mejor, en el que los beneficios generados deben ser los suficientemente cuantiosos como para ser rentable.
La inversión en cualquier activo (ya sea bien o derecho) puede ser desastrosa, puede generar enormes pérdidas a la empresa si no se realiza de forma adecuada y además puede tener consecuencias en varios ejercicios si no se controla su rentabilidad.
Para ejemplificar malas inversiones, no hay más que buscar las inversiones hechas (desembolsadas o no) en naves no utilizadas, polígonos industriales sin empresas, aeropuertos y radiales sin tráfico, polideportivos, centros de convenciones, etc.
La ejecución de un plan de inversión supone el compromiso de destino un (frecuentemente) alto volumen de dinero, del que es difícil conseguir liquidez y una rentabilidad cierta, provoca la aparición de gastos de posesión y de otros necesarios para su mantenimiento, además de costes de oportunidad y el riesgo de obsolescencia, robo y pérdida.
Todos queremos ser inversiones, pero probablemente porque no pensamos en riesgos, consecuencias sobre la liquidez, gastos de mantenimiento ni en la exigencia de la rentabilidad. Como la luna, la inversión también tiene dos caras, y aunque sólo veamos una, no podemos olvidar que hay otra.
No queremos ser gasto, pero probablemente porque sólo pensamos en gastos superfluos, pero no en esos gastos que aportan flexibilidad a la empresa, en los que reducen cuantías superiores de otra índole o en los gastos necesarios para atraer ingresos.
Uff, cómo necesitan los buenos gastos un lavado de imagen … Que contraten a quien gestiona la imagen de las inversiones, que lo ha hecho muy bien.
En Erre Ese entendemos la responsabilidad y el conocimiento como claves para el desarrollo de las empresas y de las personas. Y estamos a tu disposición.
(imagen Photoxpress)

2 comentarios

  • David Ramos

    2 febrero 2013 at 17:19

    Interesante lo que expones Luís, pero como reconvertir una inversión ruinosa y desfasada como aeropuertos, líneas AVE, carreteras y radiales sin tráfico en inversiones con «futura rentabilidad»? Supongo que si podemos empezar a arreglar estos tropiezos podremos considerar a estas inversiones como tal y no como gastos desastrosos como lo significan ahora no? Porque de inversión tiene bien poco muchas de ellas.

    Reply

    • Luis Sendino

      4 febrero 2013 at 00:37

      Hola, David, me alegro de saludarte por estos lares.
      La calificación de inversión no la da los resultados que se obtienen, sino el deseo de que los generen…
      Las inversiones que citas son inversiones, eso sí, ruinosas. Pero tan inversión como las que ofrezcan las más altas rentablidades.
      Hemos de entender que quien las autorizó, vio un beneficio futuro en ellas, aunque no sabemos bien para quién…
      Y no sólo es el montante de dinero paralizado y que ahora nos vendría tan bien en otros usos, sino, como planteas, que generan unos gastos de mantenimiento y conservación elevadísimos.
      Te recomiendo el especial que el ABC dedica hoy (domingo 3) a las inversiones protagonizadas por Santiago Calatrava.
      Saludos a todo el foro.

      Reply

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