Lo primero para ser responsables: ser

Hay quien quiere ser responsable con la sociedad y con el entorno, pero a veces no se dan cuenta que es imposible ser responsable si no existes. La existencia posibilita hacer o no hacer, ser de una manera o de otra, actuar de uno u otro modo. Sin ella, nada es posible.

Si hablamos de un ser humano, asimilamos la idea de perder la existencia, desaparecer y/o dejar de existir con la muerte. Sin vida no somos nada: por ello hemos de ser responsables con ella, por ejemplo teniendo hábitos saludables, con una alimentación equilibrada, haciendo el ejercicio físico adecuado a nuestra edad y capacidades, etc.

Pues lo mismo sucede con las empresas y con las organizaciones de todo tipo que pretenden ser responsables: deben cuidar de su existencia. Y como no son entes vivos, deben ser sus gestores, sus directivos, quienes tutelen y protejan su existencia, y pongan las bases para su supervivencia futura.

Directivo o gerente que no actúe con responsabilidad vigilando y protegiendo la existencia de una entidad que se dice responsable actúa de modo irresponsable.

Hay dos indicadores clave que vigilar para analizar la supervivencia de cualquier organización: el beneficio y la tesorería.

El beneficio aparece cuando los ingresos superan a los gastos, y es el resultado de tomar decisiones adecuadas, tanto a los ojos de sus clientes como en lo que se refiere a la cuantía que se compromete remunerar a los proveedores (trabajadores y Hacienda, entre otros).

Una organización sin beneficios compromete su existencia futura y el funcionamiento inmediato, pues deberá destinar recursos a compensar esas pérdidas. Y si no hubiera esos recursos, se traducirá en despidos, recorte de actividades, etc.

La persistencia de las pérdidas provocará su desaparición.

La tesorería es suficiente cuando se dispone de la cuantía suficiente para afrontar los compromisos de pagos a todos los proveedores, y se debe tener en cuenta los cobros y los pagos previstos.

Si no se dispone de esa tesorería, no se puede pagar a los proveedores y no seguirán aportando los bienes ni prestando los servicios necesarios para el buen desarrollo de la actividad y los clientes dejarán de serlo, lo que anticipa su desaparición.

¿Hay mayor irresponsabilidad? Pensemos en trabajadores, proveedores, clientes, usuarios, beneficiarios, el Estado (vía impuestos), además del efecto desmoralizador en el conjunto de la sociedad que provoca la desaparición de una organización.

Es irresponsable que los gestores de las organizaciones no controlen la evolución del beneficio y de la tesorería, pues de ello depende la capacidad para poder seguir siendo responsables.

Y esto es aplicable las organizaciones sin ánimo de lucro: recordemos que quienes no tienen ánimo de lucro son los socios, pero la propia organización debe tender a buscar su supervivencia y, una vez asegurada ésta, su expansión para poder llegar a más ámbitos, más personas, más situaciones y más tiempo.

La cuenta de resultados y la cuenta de tesorería deben ser los aliados de cualquier directivo o gestor responsable, y su desconocimiento le acerca a una irresponsabilidad que nos puede salir muy cara.

 

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